Así mismo, las palabras del Papa dejaron ver una crítica al clero de la región, donde “hay necesidad de sacerdotes que den real testimonio de fe” (Síntesis “L’ Osservatore Romano”).
-Señor tu eres mi esperanza-
Hay muchas quejas sobre la inseguridad, parece ser que la única solución es “hacernos a la idea de que aquí nos tocó vivir”; por lo mismo, Dios es la única esperanza de la humanidad.
En cierta manera vivimos en “el mundo que merecemos”; no nos gusta la violencia pero nos hacemos cómplices de ella, pedimos justicia pero nos asociamos a la corrupción. Es un círculo vicioso del cual no podemos salir.
Pocas veces un profeta fue bien recibido, por lo general no se les quería, sobre todo porque muchos habían desviado el camino de Dios e hicieron del pecado “su modo de vida”. Desde Jeremías hasta Cristo poco cambió la vida del “pueblo elegido”, se respetaba al templo, se cumplía con la Ley, pero ¿y “el amor”?; con respecto a ello, San Pablo dice: “Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha” (1Cor. 13, 13). Al ser humano de nada le aprovecha ser muy devoto o hacer grandes sacrificios si el motor de su vida no es el amor.
Durante siglos Israel esperó al Mesías, pero llegado el momento, no lo aceptó y no lo reconoció.
¿Nosotros como encaramos a Jesús? Muchos decimos que creeríamos en Él, entonces, ¿por qué no hacemos lo que nos dice a través de la Biblia y la Iglesia? Cristo nos invita a seguirlo, es la única solución a la situación del mundo.
Recordemos la Primera Lectura del Libro del profeta Jeremías (Jer. 1, 4-5. 17-19).- El Señor me dirigió estas palabras: “Desde antes de que nacieras, te consagré como profeta para las naciones. Cíñete y prepárate; ponte en pie y diles que yo te mando. No temas, no titubees delante de ellos, para que yo no te quebrante.”
“Mira: hoy te hago ciudad fortificada, columna de hierro y muralla de bronce, frente a toda esta tierra, así se trate de los reyes de Judá, como de sus jefes, de sus sacerdotes o de la gente del campo. Te harán la guerra, pero ni podrán contigo, porque yo estoy a tu lado para salvarte”. (Síntesis “El Domingo” –Señor tu eres mi esperanza- P. Gustavo y Primera Lectura; 28 de enero 2007).
EVANGELIO LEIDO EN LA SANTA MISA DEL DÍA 28 DE ENERO DE 2007.
Según San Lucas (Lc. 4, 21-30). Escuchar pista 55
Reflexión: La presentación de la misión de Jesús en medio de los suyos, provoca diversas reacciones: reconocimiento y admiración, sorpresa y estupefacción, indignación y ruptura hasta la amenaza.
Al profeta no se le aplaude, pues no habla para agradar, sino para iluminar desde la voluntad de Dios.
La misión profética del cristiano se realiza con palabras y obras. Las palabras anuncian la salvación de Dios y las obras tienen su punto culminante en el amor.
Cristo realiza su misión profética no sólo a través de la jerarquía, sino también por medio de los laicos. Él los hace sus testigos y les da el sentido de la fe y la gracia de su palabra.
En los laicos esta evangelización adquiere una nota específica y una eficacia particular por el hecho de que se realiza en las condiciones generales de nuestro mundo. Cristo nunca nos va a pedir más allá de lo que podamos y, si lo hace, será porque antes ya nos habrá dado los elementos para responderle.
Jesucristo es la plenitud de la revelación y de la misión salvífica de Dios. Busquémoslo para responderle con prontitud y generosidad.
Encomendemos a la Madre Celestial nuestra fe para que, con su intercesión y auxilio nos vayamos adentrando cada vez más en la misión… ¡Animo, a echarle ganas! (Síntesis “Desde la Fe” del 28 de enero de 2007. –La Misión exige respuesta- P. Máximo Evia Ramírez).
Por eso los cinco puntos para cumplir con nuestra participación en la gran misión salvífica de Dios, son:
1. Atender el llamado urgente del Santo Padre Benedicto XVI, para todos ser apóstoles de la Nueva Evangelización.
2. Tomar en cuenta la crítica del Papa que hace al clero, respecto a la necesidad de sacerdotes que den real testimonio de fe.
3. No ser cómplices del mal y hacer lo que Jesús nos diga a través de la Biblia y de la Iglesia.
4. No temer ni titubear a pesar de que nos hagan la guerra “gente importante”, autoridades religiosas, o quién sea, porque Dios nos ha enviado a predicar la Buena Nueva y estamos bajo su protección divina.
5. No olvidar que Cristo realiza su misión profética no solo a través de la jerarquía, sino también por medio de los laicos a quienes nos hace sus testigos y nos da el sentido de la fe y la gracia de Su Palabra.
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