jueves, 27 de septiembre de 2007

Panacea Universal

“La gracia es el favor, el auxilio gratuito que Dios nos da para responder a Su llamada” (CIC 1996) ¿Qué llamada? La llamada a ser hijos suyos, a corresponder a Su amor, a vivir con Él la felicidad que no acaba, “la eternidad”. ¿Qué necesitas?, La gracia de Dios te lo da todo, te saca delante de cualquier situación.

En la Segunda Lectura que se proclama este domingo en Misa (ver 1 Cor. 15, 10), San Pablo presume, aparentemente, de que ha trabajado más que todos los apóstoles juntos, pero de inmediato aclara que no ha sido él, sino la gracia de Dios que está con él. Se ve que no lo dice para presumir, sino para hacernos comprender que cuando uno cuenta con la gracia de Dios, todo lo puede, nada se dificulta. Se realizan grandes cosas de las que uno jamás se hubiera creído capaz y que jamás hubiera podido llevar a cabo, si no fuera por la gracia de Dios. ¿Cómo estamos respondiendo a la gracia de Dios? Porque la gracia que movió a Pablo a ser un ‘superapóstol’ y a superar toda clase de terribles dificultades, es la misma que Dios derrama hoy en ti y en mí.

Si de veras apreciáramos todos los incontables beneficios que obtenemos cuando nos abrimos a la gracia divina, viviríamos ávidos de recibirla y hacerla fructificar. La gracia de amar a los difíciles, perdonar lo imperdonable, derrotar la tentación, mantener viva la fe y la esperanza aún en las condiciones más adversas; la gracia de tener el corazón lleno de paz, mansedumbre, misericordia.

Muchas personas se resisten a la gracia; la aceptan con restricciones, no quieren ver ni aceptar que Él les ofrece abundante gracia para resolver grandes cosas. Así, por ejemplo, aceptan Su gracia para superar un cierto problema, pero en cambio no la quieren, ni la piden, para superar un gran pecado que suelen cometer, porque quizá ya se acostumbraron, se resignaron o peor aún, lo disfrutan. El asunto es que, aunque no la pidan, Dios de todos modos les da Su gracia, y a manos llenas, para superarlo todo. Que pena que la desperdicien miserablemente. Ojalá que podamos decir como San Pablo, que la gracia de Dios no ha sido estéril en nosotros. (Síntesis “Desde la Fe” # 519 del 4 de febrero de 2007).

EVANGELIO LEIDO EN LA SANTA MISA DEL DÍA 4 DE FEBRERO DE 2007.

Según San Lucas (Lc. 5, 1-11). Escuchar pista 45

Reflexión: “Desde hoy serás pescador de hombres” (Lc. 5, 10). Siempre me ha llamado la atención que los primeros seguidores de Jesús fueran pecadores. Pudo haberse hecho ayudar de gente más preparada en su tiempo: doctores de la ley, sacerdotes, fariseos, escribas… sin embargo, escogió a gente sencilla del pueblo, para ser los mensajeros del Evangelio.

El día que Jesús llamó a los primeros apóstoles, subió a la barca de Pedro, para que todos pudieran escucharlo. Este texto de Lucas es un relato vocacional, nos muestra como Jesús sale al encuentro de la gente en el lugar en donde vive, no espera que vayan a la Sinagoga o al templo, ni escoge a los devotos o Santos; Él llama a gente del pueblo, pero eso sí, dispuestas a seguirlo, a pesar de sus limitaciones.

Después de haber terminado de hablar, los invitó a pescar, habían trabajado toda la noche y no habían pescado nada (v.5). aún así, Jesús lo animó a remar mar adentro, y ellos, confiados en su palabra arrojaron las redes, las cuales cogieron tal cantidad de peces que casi se rompían y tuvieron que llamar a Santiago y Juan para que les ayudaran con la otra barca.

Pedro se siente mal, es la actitud de aquel que piensa que no es el indicado, ni tiene las cualidades para cumplir la misión. Pero de inmediato, Jesús le ayuda a superar sus miedos y le dice que así lo necesita. “No temas; en adelante vas a ser pescador de hombres” una vez superado el miedo inicial, todos sus compañeros se aventuraron a navegar mar adentro en la misión de Jesús; con los riesgos que ello implicaba.

Como creyentes y seguidores de Jesús, nosotros tampoco podemos renunciar, Él nos invita a colaborar a superarnos, como aquellos pescadores, que tuvieron que recorrer camino a lado de su maestro, aprendiendo, adaptándose, y sobre todo, asimilando el mensaje que transformó sus vidas. (Síntesis “El Domingo” del 4 de febrero de 2007. –Señales para la vida- P. Tarcisio).

El salir con la visita del Señor de la Misión al encuentro con la gente, en el lugar donde viven, casa por casa, familia por familia; es atrevernos a una Nueva Evangelización “mar adentro”, en condiciones diferentes a lo tradicional. Así por la gracia de Dios, hemos podido llenar nuestras redes y además llamar a otros apóstoles de otras “barcas”, comunidades que también están pescando en abundancia. Este modelo es el mismo que Jesús nos muestra en el Evangelio, por eso desde que inició la Misión 2000, no se ha interrumpido la evangelización, para convertirse auténticamente en Misión Permanente y que ahora tiene presencia en muchas comunidades del D.F. y Edo. De México principalmente. Esto desde luego inquieta y pone nerviosos a no pocos tradicionalistas que a pesar de tener sus redes vacías, no se han querido aventurar “mar adentro”, es decir, navegar en el marco de una verdadera Nueva Evangelización y correr los riesgos que ello implica. Tendrán que conformarse con sus aislados intentos fallidos de pescar desde su comodidad e intramuros. (Hermandad de Misioneros Juan Pablo II, 4 de Febrero 2007).

Por eso los cinco puntos para responder al llamado de Jesús para ser pescadores de hombres, son:

1. Aprovechar al máximo la gracia de Dios que nos ha sido dada en abundancia a todos por igual.

2. Hacer fructificar la gracia divina al amar a los difíciles, perdonar lo imperdonable, derrotar la tentación, mantener viva la fe y la esperanza aún en condiciones adversas y tener el corazón lleno de paz, mansedumbre y misericordia.

3. Darnos cuenta que Jesús pudo haberse hecho ayudar por gente muy preparada de la Sinagoga o el Templo, sin embargo, escogió a gente sencilla del pueblo para ser los mensajeros de su Evangelio.

4. Ser humildes y estar dispuestos a seguirlo como sus discípulos, sin importar nuestras limitaciones y sin miedo a navegar mar adentro en la Misión de Jesús con los riesgos que ello implica.

5. Perseverar recorriendo el camino, al lado del Divino Maestro, aprendiendo, adaptándonos y asimilando Su mensaje que transformará nuestras vidas.